Bailes, flores y música, las Ñatitas: el regreso a la vida
Cientos de creyentes junto a sus Ñatitas salen a las calles cada 8 de noviembre, el Cementerio General, es el escenario principal de la celebración, entre danzas, música, bebidas y peticiones se lleva a cabo el rito andino.

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La festividad de las Ñatitas, es un rito tradicional de los Andes de Bolivia, en el cual cada 8 de noviembre, porque el ocho, representa el tiempo que se espera después de la muerte. Miles de creyentes se apersonan a distintos camposantos, la creencia andina, dicta que estas calaveras son protectoras y cumplen los favores que sus devotos les piden.
"Es milagrosa: nos ha hecho varios favores", confiesa Carmen Rodríguez mientras sostiene a Oscar, su "Ñatita", en una mesita adornada con coca y algunas flores, una de las incontables calaveras humanas que cada 8 de noviembre, vuelven al Cementerio General de La Paz para recibir su bendición.

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Se cree que esta tradición se inició en la época precolombina y la celebración, que implica la profanación de restos mortales, nunca fue del gusto de la Iglesia católica, es una celebración “tolerada” por la gran afluencia de personas pero no compartida, debido a que la fe cristiana nos dice que esta es una práctica descomunal que enmarca el sincretismo.
El origen de las "Ñatitas" es muy variado. Algunos propietarios reciben las calaveras como regalo "de buena ventura", otros acuden directamente al cementerio para adquirirlos, y así recibir bendiciones y favores de distinta índole, por otro lado la mayoría son, simplemente, familiares que no quieren desprenderse del cráneo de sus allegados.
“Ignacio Alcón, es mi papá, Nachito le decimos de cariño, ya está 6 años conmigo, le gusta cuidar la casa, un día nos fuimos de excursión y dejamos la puerta abierta, mi hijo al bajar del auto vio un hombre parado dentro de la casa, buscamos por todo lado y no había nadie, por eso imaginamos que mi Ñatita cuidó la casa y a nosotros mismos”, nos cuenta Isabel Alcón.
Las "Ñatitas" reciben ese nombre porque no tienen nariz y sus propietarios, que en algunos casos acumulan varios cráneos, conviven durante toda su vida con ellas y las pasan de generación en generación, bajo la creencia de que su compañía les proporcionará "buena fortuna".
“Julián Tancara es mi Ñatita, ya lo tenemos 10 años con nosotros, él me dijo su nombre en un sueño porque lo compre para mis estudios, no creía en estas cosas por eso lo guardaba en un maletín, pero me molestaba y me hacía sueños feos con mi hijito, así que recurrí a un curandero el cual me dijo que le de atención al Julián, desde esa vez le armé una mesita”, nos dice Estefany Achá, propietaria de uno de los tantos cráneos que fueron a celebrar su día a puertas del cementerio.
Una de las características de las Ñatitas son las “coronitas”, si una persona quiere pedir un deseo ya sea para la salud, negocio o profesión, compra un amarro y se la debe poner en la cabeza del cráneo con la seguridad que la Ñatita cumplirá lo deseado. La simbología del color de las flores es muy variada, por ejemplo, el azul con rosado es para personas mayores, blanco es para los niños y el celeste para hombres solteros.
Se dice que los cráneos, cumplen favores, pero si no se les festeja debidamente, son vengativos, “deben ser bien atendidos, hay que tener tiempo para ellos, hacerles bendecir, darle su coquita, incluso darles su cigarrito y su refresquito” nos dice doña Dora, “mamá” de Rosita, Willy, Andrés, Margarita y Pedro, Ñatitas que acompañan a la creyente desde hace bastantes años.
Hay Ñatitas de toda edad: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Son calaveras que pueden ser de parientes, herencias, regalos, compra y venta o antiguos elementos de práctica de estudiantes de Medicina. Algunos testimonios afirman que provienen de cuerpos robados en cementerios clandestinos que hay en las ciudades de La Paz y El Alto.
Son cráneos a los que se les otorga una identidad y se les brinda paz, se cuidan de generación en generación, puede pasar en una familia o cuando una persona los encuentra y es un ser meramente desconocido, la tradición le obliga a hacerse responsable de la almita, devolverle dignidad y ofrecerle un hogar.
"Angela se llama mi Ñatita, ya está 6 años conmigo, yo trabajo de portera, cuando estaban excavando lo han encontrado y todos me han dicho que va a ser milagrosa, que no la bote, la tengo para que cuide mi terreno, todos los que vienen a pedirle favores les cumple, una vez vino una niña invalida y la hizo caminar", nos cuenta la señora Marcela Mamani, quien se aproximó a puertas del cementerio a festejar este día.
Karina Córdoba, vendedora de flores señala, “Al dueño se le pregunta el nombre de la Ñatita, si te está yendo mal o estas teniendo problemas, le pides que te oriente, te ayude y te apoye. Si crees y les pides con fe, ellos automáticamente te guían, por eso les ponen coronas, flores, velitas, incluso dinero”.
La creencia aymara nos dicen que morir es en realidad... Volver a nacer, las Ñatitas, representan el regreso a la vida y el inicio de un nuevo ciclo.

